Desnivel 156
Andrea Gallo

Desnviel Nº156
Noviembre 1999

Portada: Sílvia y Miquel en el C3 durante el descenso

 

 

 

Perfil

Lorenzo Ortas

Cuando comenzó a escalar, Riglos era el Eiger terrorífico de Huesca. Él contribuyó en su juventud a que se venciera ese miedo y unos años después a añadir el Gasherbrum 1 a los ochomiles españoles, y además por una nueva vía. Hasta ahora le ha tocado vivir lo mejor y lo peor de las montañas pero su papel nunca ha sido adquirir protagonismo, sino arrimar el hombro; por los suyos y por ellas.

Hay personas que no por pasar desapercibidos dejan de tener cierta relevancia en el panorama del alpinismo nacional de las dos décadas precedentes. Lorenzo Ortas, oscense de 46 años, con un carácter modesto pero extrovertido ha añadido pasajes interesantes al alpinismo aragonés y español.
Su actividad gana relevancia porque no se circunscribe exclusivamente a la actividad deportiva, sino que se extiende a su interés por la historia del alpinismo y a la colaboración altruista en la divulgación del mismo como hecho cultural. Por su conocimiento y experiencia, y por las ganas de ponerlos al servicio de los demás, pertenece a varios colectivos relacionados con el alpinismo.
Los inicios en la montaña, después de un breve paso por los Scouts, como la mayoría de los jóvenes en los que coincidió su adolescencia con la década de los 60 y principios de los 70 , fueron con la Organización Juvenil Española (OJE). "Era la única forma de poder escalar sin tener que comprar material. Lo malo era que, de vez en cuando había que ir uniformados a cantar el Cara al Sol y eso ya no nos gustaba tanto". Con 18 años, Lorenzo se hizo socio del Club de Montaña Peña Guara al que hasta el momento sigue ligado, actualmente, como vicepresidente de la asociación.
En 1971 Huesca apenas contaba con 32.000 habitantes y, aunque existiera un club de montaña socialmente reconocido, apenas había una actividad alpinística de renombre. Sus salidas al monte eran con los amigos de su entorno.
Fue en su época de estudiante en Pamplona cuando entró en contacto con el montañismo navarro, especialmente con los hermanos Ariz, que para Lorenzo tenían mucho nivel escalando y un concepto del alpinismo similar al suyo. Al mismo tiempo contacta con Javier Escartín, también de Huesca pero que estudiaba en San Sebastián y con sus amigos vascos como Felipe Uriarte, Josetxo García, Patxi Zabaleta... A partir de entonces Javier se convirtió en amigo y compañero en la mayoría de las actividades alpinísticas de relevancia. Estos contactos le acercaron a una escalada hasta esos momentos impensables en los ambientes oscenses como Ordesa o Riglos. Tal como era vista la escalada en Huesca en esos años y con la cantidad de accidentes que por su proximidad con los mallos había vivido, para ir a Riglos a escalar había que hacerlo poco menos que a escondidas. "Nosotros éramos pirineístas, montañeros que escalábamos, y Riglos era un lugar donde íbamos a entrenar o cuando hacía mal tiempo. En 1973, volviendo de intentar el Espígolo de Ansabere, nos metimos en la Carnavalada y la hicimos en 11 horas, un horario muy bueno teniendo en cuenta que lo normal era vivaquear en la entosta".

Ganar ya les gustaba

poco más tarde y casi simultáneamente se inició en el esquí de montaña, actividad que hasta estos días le encanta. "Javier Escartín hacía esquí de competición y vino por Huesca Román Pérez, de Madrid, que más tarde sería cuñado mio, y él era un experto esquiador de montaña. El caso es que sin saber esquiar comenzamos a participar en rallies y se nos daba bien. Comenzamos a ganar pruebas y, aunque decíamos que no nos gustaba la competición, eso de ganar sí que nos gustaba. Uno de los trofeos que más ilusión nos hizo fue el Andrés Regil en 1975, y la primera Copa Aragonesa en 1982. Fuimos seleccionados para participar en varias pruebas internacionales y allí pudimos medirnos con los potentes equipos franceses e italianos. Recuerdo que nos decían: Los españoles muy fuertes subiendo pero nosotros más bajando. Pero aun así no quedábamos mal del todo".
El hecho de que él y Javier ganaran algunas carreras y salieran en la prensa local ayudó a promocionar el esquí de montaña en Huesca. Propiciaron que salieran otros equipos y que esta modalidad de montañismo esté plenamente consolidada. Actualmente, Lorenzo disputa algunas carreras con el objetivo de mantenerse y de paso juntarse con personas conocidas. Digamos que las entiende ahora como un punto de encuentro, aunque reconoce tener espíritu competitivo.
Él, no se considera "abridor" de rutas aunque en las diferentes expediciones sí que han abierto algún nuevo itinerario. Próximos a nosotros en los Pirineos es autor de clásicas como los corredores Maribel y Eduardo Manuel, y el espolón Luisa Isabel todos ellos en Peña Telera.
Lorenzo a lo largo de su trayectoria ha tenido unos referentes alpinísticos como Lionel Terray, varios británicos al estilo de Chris Bonington por buscar lugares insólitos y por su innovación, o incluso referentes casi anónimos en algunos eslovacos y polacos por sus actividades de envergadura desde una gran modestia.
Quizá le venga de ellos sus rasgos de aventurero, de constante innovación y de adaptación a los tiempos y de comprensión de la montaña como una cosa abierta al entendimiento de cada uno. Lo que peor lleva en este proceso de adaptación a las nuevas tendencias son las vías de ascensión o escalada que no acaban en una cumbre o cima. Lo dice en tono jocoso cada vez que sube por una.
En el alpinismo español cada vez más hay currículos envidiables, Lorenzo destaca a Jerónimo López, Oscar Cadiach, Carlos Soria, Tamayo, Enrique de Pablo y a Nil Bohigas y Enric Lucas. A estos últimos en especial por su ascensión en la cara sur del Annapurna, actividad que aún hoy en día considera que es lo más renombrable que han hecho los españoles dentro del panorama alpinístico internacional. De épocas anteriores, tiene una gran admiración y respeto por la generación de aragoneses de los años 60, Rabadá y Navarro, Montaner, Cintero, Pepe Díaz, Bescós, etcétera que junto a los franceses Ravier, Bellefon, Despiau... fueron escalando las paredes más audaces del Pirineo con unos medios que hoy parecen primitivos. De generaciones posteriores destaca, en el contexto aragonés, la importante y callada actividad de Ursi Abajo, de quien valora especialmente su vía de la cara norte de la Pala de Ip. Lorenzo hizo su primera repetición junto a Javier Escartín y José Murciano.

Los Alpes con Buhler

Cuando conoce los Alpes, éstos le abren un horizonte inmenso y sobre todo la sensación y convencimiento de que hay muchas actividades por hacer y, además, alcanzables. Allí comienza una larga relación con Carlos Buhler con el que hará junto a otros varias expediciones. "Conocimos a Carlos en el Cervino. Eran un grupo de inexpertos americanos que no sabían ni emplear el piolet.¡Quién lo diría ahora! Carlos Buhler está considerado uno de los mejores alpinistas americanos".
En 1977, a sus 24 años, en una expedición del Club Vasco de Camping y Peña Guara, asciende con Carlos Buhler a la cumbre virgen del Extremo Ausangate (5.850 m) en los Andes por una vía glaciar de gran dificultad para aquella época y medios. Lo más significativo de esta experiencia fue la elección de la montaña por su belleza y por ser desconocida, a la vez que supuso, después de los Alpes, ganar confianza y volver a romper barreras y mitos en la montaña.
La siguiente expedición fue en el Himalaya de Nepal, país por el que siente especial aprecio. En 1980 sube al Baruntse (7.160 m) haciendo la segunda ascensión a la cumbre por un nuevo itinerario. Rodeado por el Makalu, el Lhotse y el Everest no podía evitar mirarlos de reojo y dejarse seducir para futuros retos de más altura. Tres años más tarde subió en el Karakorum pakistaní al Hidden Peak, o Gasherbrum 1 (8.068 m) abriendo un nuevo itinerario, lo que suponía además el primer ochomil aragonés y la primera ascensión española al mismo.
Aunque la ascensión al Hidden Peak le originó las primeras amputaciones en los dedos (luego ha tenido más) lo recuerda como uno de los momentos más felices en su actividad montañera: "Era una expedición de Peña Guara, para celebrar su 50 aniversario, y el hecho de subir por un nuevo itinerario, llegar todos a la cumbre el mismo día y, sobre todo, algo que ya no he vuelto a vivir, estar solos en el campo base. Creo que fue una expedición ideal".

Bien común

Su carácter abierto y con gran facilidad para contactar con gente más joven le llevó en 1986 a tutelar una expedición de formación a la cordillera Blanca en Perú. La experiencia consistía en la reunión de varios jóvenes oscenses con algo de experiencia en los Pirineos y los Alpes para que conocieran una nueva dimensión de la montaña y ganaran conocimientos y confianza. De esta expedición lo más importante fue que se hizo una actividad bastante diversa a la altura de cada uno de los componentes. En el caso de Lorenzo, junto con José Murciano, cabe destacar su ascensión al Huandoy Norte por la Vía Francesa, donde aún hoy, según sus propias palabras, sigue pensando que es donde más frío ha pasado y más cerca del agotamiento ha estado. Las cosas se le complicaron por calcular mal las distancias. Lo explicaba brevemente en la revista Os Pirineos: "Cuando hace unos días escalamos el Huandoy Este, se veía esta pala que vamos a escalar, muy fuerte y larga, pero no obstante, engañados por el efecto óptico de ver una pared de nieve desde abajo, no cogemos ni linternas, ni comida, ni gas de repuesto, ni nada, sólo unos guantes de sobra". Lo que pensaba que le iba a costar un día desde las tiendas, le costó tres sin apenas parar.
Lorenzo está convencido de la importancia que tiene el trabajo en equipo en cualquier actividad alpinística para conseguir el éxito, pero aún lo está más seguro en expediciones de alto nivel de dificultad y/o de altura. De este hecho constata tener la prueba evidente en su segunda expedición al Everest en el año 1991. (Previamente en 1989 participó en un intento con retirada muy cerca de la cima). En octubre del año 1991 fue muy difícil la ascensión al Everest. Si no hubiera habido una estrategia bien planificada desde abajo, con la abundancia de nieve en la arista cimera, no hubiera sido posible ascender. Ese octubre sólo lo consiguió otra expedición más, al día siguiente, aprovechando la huella hecha por el grupo aragonés-valenciano y otra cordada de la misma expedición tres días después.
La actitud individualista de otros expedicionarios hizo que no tuvieran éxito, mientras que los aragoneses y valencianos trabajaron y portearon para asegurarse de que alguien alcanzase la cumbre. Lorenzo fue de los que porteó oxígeno hasta los 8.500 metros para garantizar el descenso de los que subieron, en este caso, Toño Ubieto y Pepe Garcés por parte de Aragón, y Coque Pérez y Rafael Vidaurre por parte de Valencia.
En las expediciones, Lorenzo considera los objetivos del grupo como suyos propios. Lo ha demostrado en más de una ocasión. En ese aspecto tiene un componente altruista importante quizás porque "no espera más de la montaña que su satisfacción personal". La montaña no ha sido nunca su medio de vida. En caso de serlo, Lorenzo reconoce, como parece obvio, que habría tenido que buscar mayor protagonismo para que su nombre fuera rentable comercialmente, y además se tendría que haber dedicado más a ella. Él no está en ese ámbito. Cuando empezó a hacer cosas serias en la montaña, el alpinismo no era tan comercial por lo que ni siquiera se planteó la actividad alpinística en ese sentido. Con un marcado carácter romántico, Lorenzo escribe en el libro K-2 La montaña sin retorno: "¿Que sería la montaña sin amigos? Tal vez no subamos a la cumbre, quizás sea lo menos importante, pero los lazos de amistad se han fortalecido y estos días que hemos pasado juntos disfrutando de una hermosa montaña nunca los podremos olvidar".
Sin embargo, las expediciones comerciales, donde prima el individualismo, aunque no comparta sus motivaciones, tampoco chocan en su pensamiento abierto y realista. "Era algo previsible dentro de la evolución normal del aspecto crematístico de la montaña. De los Alpes se ha pasado al Himalaya, Karakorum o Andes. En las expediciones comerciales se facilita el acceso a personas que por sí mismas no lo harían e incluso a algunos que tienen un nivel técnico y físico muy justo. A diferencia de los Alpes, en caso de que haya problemas a esa altura y con los medios existentes en esos países no es tan fácil la evacuación. Si las personas que participan van justas, allí está el riesgo. No es bueno ni malo, lo peor es la masificación".

El no retorno

La última expedición de Lorenzo hasta el momento ha sido en 1995 con la expedición aragonesa al K-2. "La montaña de las montañas". En esta ocasión, hacen cima Lorenzo Ortiz, Javier Escartín y Javier Olivar siguiendo la ruta del espolón sur-sureste que habían completado los hermanos Iñurrategui, Enrique de Pablo, Juan Oiarzábal y Juan Tomás el año anterior. Por un fenómeno atmosférico de difícil explicación, quizás achacable a un cambio repentino de dirección de la corriente del chorro, perecen todos los que ese día llegaron a la cima; además de los citados, Alison Hargreaves, Rob Slater y un neozelandés llamado Bruce. "Como mi ritmo de ascensión era más lento y además consideraba que sería un estorbo si subía a la cumbre, me quedé en el Hombro y pude por suerte y milagrosamente aguantar el vendaval junto a Pepe Garcés en el campo IV a 7.950 m sólo con algunas congelaciones".
Lo que esta trágica experiencia supuso para Lorenzo se puede resumir en unas frases muy elocuentes escritas por él mismo en el libro K- 2, La Montaña sin retorno: "Volvemos tristes, derrotados y heridos. Siento que se me hace muy difícil estar vivo, tener que explicar qué ha pasado, responder a tantas preguntas que yo mismo me he hecho y para las que no hay respuesta. La línea que separa el éxito y el fracaso, la vida de la muerte, es tan fina...". Ahora, después de poco más de cuatro años, sigue sin encontrar esas respuestas a preguntas como ¿qué ha pasado?, ¿por qué hemos ido?, ¿es razonable? Quizá se invente respuestas, pero en el fondo no tiene nada claro. Sin duda ha sido su momento más duro en la montaña, por lo inesperado, por la ansiosa e inútil espera, por la pérdida de los amigos y en especial de Javier Escartín, compañero de siempre.
"Cualquiera que quiera realizar algún sueño tiene y tiende a ser más o menos egoísta. En este sentido la montaña convierte a sus practicantes en egoístas, en mayor o en menor cuantía en función del grado de satisfacción del ego o de la vanidad que cada uno busque en su sueño". Lorenzo ha buscado siempre ese difícil equilibrio entre su entorno afectivo y sus sueños alpinísticos. Al mismo tiempo reconoce que para conseguir ese equilibrio él ha tenido suerte con su familia porque le ha apoyado.

Una visión global

Fuera del ámbito estrictamente deportivo, Lorenzo tiene la afición de leer entre otras cosas algo de literatura de montaña. Considera sus libros preferidos Annapurna primer ochomil de Maurice Herzog, Los conquistadores de lo inútil de Lioney Terray, Entre cero y ochomil de Kurt Diemberger y en cuanto a novela se queda con Bájame una estrella de Míriam García, El primero de la cuerda o Grieta en el glaciar de Roger Frisón-Roche.
Haber leído bastante y haber sido un practicante polivalente en las diferentes especialidades de la montaña, aun sin grandes proezas, le ha llevado a acumular un conocimiento y visión global del alpinismo por el cual es requerido cada vez en más ocasiones para dar charlas variadas. También le hacen una persona muy válida e interesante para organismos comola Junta Directiva de Peña Guara, Comité de Alto Nivel en la FEDME, Grupo Pirineísta y GAME. De dichos organismos, los dos primeros son organismos de gestión y los dos últimos son organismos grupales en los cuales Lorenzo opina que se están dando unos cambios significativos. "El Grupo Pirineísta que nació para unir a los pirineístas franceses y españoles está estancado y se han perdido casi los contactos. Es una pena que se pierda una asociación que defendía el concepto Pirineo como unidad y no como frontera". En cuanto al GAME, Lorenzo piensa que sigue teniendo su cometido, pero que como cada vez hay más gente que por méritos podría estar en el grupo y no lo están por unas razones u otras, ya no representa tanto a la élite del montañismo español sino que es un grupo activo que estimula y propicia actividades de cierto nivel.
Lorenzo no descarta nuevas expediciones. Sigue motivado escalando, haciendo esquí de montaña, alpinismo y casi siempre con gente más joven. Con vocación didáctica transmite experiencia y seguridad a nuevas hornadas de montañeros. Le queda sana envidia por no ir con ellos, pero, alegrándose del alto nivel de las generaciones nuevas, sigue atento los movimientos de gente de su entorno que como Pepe Chaverri, Dani Ascaso, Hugo Biarge, José Ramón Agraz... van llevando la evolución del alpinismo aragonés hacia delante.
 
Jorge Ascaso

 

 

 

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