Desnivel 156
Andrea Gallo

Desnviel Nº156
Noviembre 1999

Portada: Sílvia y Miquel en el C3 durante el descenso

 

 

 

Cartas

¿Montaña para el montañero?

No hay razón más desasistida que la de aquellos que evitan el buscar en las razones contrarias argumentos que sustenten las propias; peor todavía si se afanan, además, por arrogarse el derecho a considerar qué es lo que tiene prioridad sobre el resto. Esta actitud se reproduce en el ámbito de las actividades deportivas al aire libre, en el que resulta frecuente la coexistencia en un mismo espacio de deportes distintos y surgen con frecuencia posturas y actitudes innecesariamente enfrentadas y casi siempre, apoyadas en argumentos poco dados a
refrescarse con otros ajenos. En los números de septiembre de las revistas Desnivel y Grandes Espacios aparecen sendas cartas en las que, valiéndose del argumento válido y contundente de una, aparentemente, mala actitud de los participantes y organizadores del último maratón al Aneto, se defiende, en un análisis sesgado y exento de humildad, el montañismo como la actividad propia de la montaña. Ahí, creo yo, se incurre en el desatino, porque una cosa es defender los valores con los que se pueda identificar una actividad y otra es utilizarlos como pretendido argumento para desautorizar visiones y prácticas distintas a la propia, sosteniendo para ello que carecen de dichos valores. Las cartas a las que me refiero utilizan como base inicial de su juicio el modo en el que, parece ser, se ha desarrollado la última carrera del Aneto, pero abusan de este pretexto para realizar un panegírico excesivo e injustificado del montañismo como actividad natural, en orden y derecho,
sobre estos ámbitos de montaña y se arremete así contra las carreras de montaña porque, vienen a decir, ridiculizan los valores y sentimientos con los que todo montañero se enfrenta, con gran sentimiento reverencial, a la montaña. No hay necesidad de insistir en que muchos pueden considerar las carreras al aire libre como una actividad más natural al hombre y con más historia que la de, por ejemplo, escalar o realizar esquí de travesía Se podría también preguntar a los habitantes de las tierras del Himalaya qué significaba para ellos la montaña mucho antes de que los primeros "himalayistas" se empeñaran en subirlas como un símbolo evidente de modernidad. Vamos, creer que la montaña está ahí, básicamente, para disfrute del montañero y que es éste el que interpreta adecuadamente cuáles son los códigos de conducta correctos que se deben contemplar. Otra cosa son las actitudes destructivas (casualmente, en el mismo número de septiembre se recuerda la reciente
expedición de limpieza al Himalaya). Ojalá estas cartas al director se hubieran quedado en esta crítica lícita y evidente.
Arturo Bayo. Madrid

Otra sensación

Yo soy montañero y a la vez corredor, federado en las diferentes disciplinas, y pienso que cada uno puede disfrutar la montaña como le venga en gana, siempre y cuando se respete el medio. Como impotencia, se podría calificar la crítica de este filo de la montaña, al ver que lo que él consigue en un día o más de ascensión, nosotros lo hacemos en unas pocas horas. De todas formas, lo importante no es el tiempo que se tarde, sino la
sensación que se siente al correr por estas zonas.
Rafael MARTÍN. Málaga

Otra visión

Sin ánimo de polémica, quisiera aclarar algún punto aparecido en la carta de Carlos Molina del número de septiembre. Cuando dice: "La tranquilidad, la belleza que a medida que vas caminando, vas viviendo
y que aquí se interrumpe por seres que van corriendo, sin una meta final". digo yo: ¿qué tranquilidad tiene un montañero normal cualquier día de julio o agosto en el Aneto?, ¿qué belleza encuentra aquel montañero que va al límite de su capacidad física y sólo ve el próximo y sufrido paso? Personalmente gozo y admiro la belleza del entorno porque física y psicológicamente estoy muy bien preparado.
Y siempre, a título personal, tengo una meta final que consiste en hacerlo lo mejor posible, conociendo mis posibilidades.
En cuanto a su afirmación: "Me consta que muy pocos montañeros comparten la celebración de esta prueba, y por
supuesto, mucho menos los lugareños", decir lo primero que la inmensa mayoría de los participantes son montañeros, y muchos de los buenos. Y en cuanto a los lugareños, a nadie le amarga un dulce, y menos una paga extra en junio. Que yo sepa, Benasque es un bonito pueblo que vive de y para el turismo, poniéndome en el lugar de los propietarios de los hoteles que estaban a tope en esos dos días de junio, no creo que me sentase muy mal, mas bien lo contrario.
Oskar Aldazabal. Bizkaia

¿Atentado contra natura?

Muchos afirman que esta carrera atenta contra la naturaleza, pero nadie lo ha demostrado. Lógicamente, pues no hay estudio científico al respecto, ni lo podrá haber en mucho tiempo porque la casuística es aún insignificante. Por sentido común, la más inocua de las actividades debería ser la última en prohibirse. Respecto a que la carrera se celebre en un Espacio Natural Protegido, ese concepto de protección se ha visto superado (es de finales de siglo pasado) por inoperante. La naturaleza sólo puede protegerse efectivamente mediante una pespectiva integral (desarrollo sostenible, ordenación del territorio, etc). La declaración de Parque Natural es en sí misma papel mojado. El día en que desautoricen la caza en ese parque natural empezaré a tomarme más en serio que no me dejen correr.
Manuel López Sarrión. Zaragoza

Pujol, trato preferente

Como sabréis, el presidente de la Generalitat subió un pico que los socios del Club Montaña Ferrol tenemos pisado muchas veces. Nos encanta el tema, incluso el simbolismo de convocar desde allí unas elecciones. Lo que no nos parece bien es que a cualquier montañero que acampa en Coronas le multan, pero a él, por lo que parece, sólo le amonestarán. Por ello, tres montañeros del Club reclamamos del Defensor del Pueblo que, si se suele sancionar a los que hacen esta acampada, que también se le sancione a él.
Xan Ramírez, Mario Seoane y Daniel Touceda. Galicia.

 
Rescate en Perú: Gracias

En referencia al accidente ocurrido el 26 de julio en el nevado Alpamayo de los Andes, queremos dar las gracias de todo corazón a aquella gente que abandonó todo por echarnos una mano, se volcaron en organizar nuestro rescate y, en definitiva, salvarnos la vida. Queremos daros las gracias por demostrar que el espíritu del montañero sigue vivo y que existe esa solidaridad que hace tan increíble esta nuestra forma de vida. A Fran, Jose, Jorge (maño) y Gabi. A Esteban, Luis, Caco y Oli. A Tomás, Ian y Claudio. A Roberto y Liliana, a Darío, a Jorge (Sevilla), a esa gente de otros países cuyos nombres no conseguimos. A vosotros que, aunque no conquistasteis la cumbre, sí nuestros corazones.
Carlos, Cristina, Javi, Laura, Emilio y Silvia. Madrid
(A Roberto, Liliana y Darío, nos gustaría ponernos en contacto con vosotros, escribir a: chusti@ole.es)

 

 

 

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